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Sherlock Holmes

Sherlock ¿Conan? (4)

Supongo que dejando a un lado la pretenciosa (y fallida) Revolver, y a falta de ver Rocknrolla, puedo decir que esta es la película que me ha gustado menos de Guy Ritchie. En gran parte porque en esta película los personajes carecen de la fescura de los que poblaban Lock'n'stock y Snatch, pese a los intentos del guión por otorgársela. Porque este Sherlock y este Watson me han parecido dos estereotipos a los que Guy no se ha molestado en añadirles demasiados matices. Holmes es el genio impertinente e impulsivo, ocurrente y dicharachero. Watson el personaje más templado que ofrece su contrapunto. Hasta aquí bien, pero se quedan en eso, no hay más matices. Son la pareja arquetípica que se mueve en diálogos acartonados y poco creíbles. Su vertiente humana, miedos y debilidades, se intentan insinuar sin éxito. Por lo que termina pareciendo que la película se centra en la acción y termina reduciendo a los dos protagonistas a la dimensión de dos títeres poco interesantes pese a las más que correctas interpretaciones de Downey Junior y Jude Law.

Por si esto no fuese suficiente, el estilo de Guy Ritchie no termina de irle bien a la película. Abuso de la cámara lenta, del subrayado en la voz en off y, como no puede faltar en sus películas, la secuencia final donde se resuelven y explican todas las trampas que la película ha ido planteando. Un giro que si bien en sus otras producciones resultaba tolerable e incluso efectivo, en esta es un recurso previsible y, valga la redundancia, tramposo.

En cierto modo, esta película me ha recordado más a un episodio largo de la serie de anime “El detective Conan” que, como sabrá muy bien todo aquel que haya visto alguno de sus episodios, se limita a ofrecer rocambolescos ejercicios de fuegos artificiales a base de plantar setas a lo largo del metraje, que en cuidar sus personajes y darle un toque mínimamente verosímil a la historia.

Para rematar, esta sensación de alejamiento que producen los personajes y lo artificioso de la historia que plantea hace que esta película ni tan siquiera luzca una de las mejores virtudes del cine de Ritchie: la capacidad de ofrecer un entretenimiento endiablado de principio a fin. Y es que muchos tramos de esta película se hacen largos.

En definitiva, una película que ofrece entretenimiento y espectáculo a ratos, pero que resulta demasiado artificial incluso para el cine de Guy Ritchie.

El rey de California

Después de ver esta película puedo afirmar que los videoclubs aún tienen su razón para existir. Y es que difícilmente me hubiese acercado a esta producción si no fuese porque fue lo único que me pareció medio interesante en uno de estos establecimientos... y la verdad es que mereció la pena.

Resumiendo de un modo rápido lo que ofrece esta producción podría decir que sigue los cánones de las últimas comedias de éxito del cine independiente norteamericano. Es decir películas que cuentan historias de personajes peculiares, cuya acción transcurre ambientada en la clase media-baja de la sociedad norteamericana y donde el argumento busca con el mismo ahínco la sonrisa que la ternura. Y la verdad es que como en otras películas sin duda más reconocidas como “Entre copas” o “Little miss sunshine”, lo consigue.

Y si la película consigue transmitir tan bien su mensaje, sin duda es gracias a las excelentes actuaciones de Michael Douglas, como padre irresponsable, mentalmente inestable, pero afectuoso y Evan Rachel Wood, quien pese a que su padre ha llegado un momento que parece ser más un lastre que una referencia, trata de apoyarle.

Una película que más allá de la trama del hilo conductor, con la búsqueda del oro español como eje principal, trata sobre el amor y el respeto que existe en una relación padre e hija. De la necesidad de marcarse metas en esta vida, por ridículas que le puedan parecer al resto del mundo y de la necesidad de creer y apoyar a los tuyos. De que pese a que la madurez parezca ser el contrapunto natural a la libertad y la fantasía, quizá no se pueda vivir sin ilusiones, aunque sean a veces estas ilusiones se reduzcan a metas tan pragmáticas como un lavavajillas.

Una película tierna, divertida, ligera y breve, pero aún así mucho más rica y recomendable que obras presuntamente más sesudas.

Inteligencia Artificial

Debo admitirlo, en la primera hora de metraje, ya me veía dando la razón a mucha gente a la que le había oído decir que esta era posiblemente la mejor película de Spielberg. Al terminarla, mi opinión es la siguiente, pese a no haber visto toda su filmografía, se me hace muy difícil imaginar que Steven haya rodado algo peor que esto (y he visto la cuarta de Indiana Jones).

Por lo que si combinas las primeras sensaciones con el regusto amargo intenso que deja al final, lo único que te queda por hacer es tirarte de los pelos ante una película tan desaprovechada.

Y es que, toda la trama que se desarrolla mientras el androide permanece al lado de su familia adoptiva, es una delicia. El discurso filosófico y moral tan rico (la máquina como sustituto del hijo, la responsabilidad ética y moral del creador respecto a su creación, en que punto aparece la diferencia entre la vida y el mecanismo, ¿se puede amar una máquina?...) como disimulado detrás de la historia que se cuenta sin prisa, pero sin resultar aburrida. Los personajes, creíbles y la actuación del pequeño perfecta. Todo haciendo gala de una fotografía y puesta en escena sugerente y brillante. La película te estira poco a poco hacia ella hasta que estás completamente dentro y una vez conseguido lo más difícil, captar tu atención e interés, simplemente, lo tira todo por la borda.

Y es que una vez el pequeño emprende su odisea, el film empieza a mostrar todos sus defectos. La historia avanza a golpes. El personaje de Jude Law no tienen ni la personalidad, ni el peso en la historia, ni tan siquiera la coherencia suficiente como para que le dediquen tanto espacio. La película, poco a poco empieza a hacerse densa y farragosa, tras más de una hora sin apenas mirar el reloj, los vistazos a tu muñeca izquierda se suceden. La historia poco a poco va perdiendo todo su atractivo, el discurso antes soterrado, pero evidente, empieza a colarse en diálogos cada vez menos espontáneos y más cercanos al discurso y, pese a admitir que quizá todo esto no sea suficiente para calificarla de fiasco absoluto viendo su excelente primera hora, al acercarse al umbral de la segunda llega el desenlace... y con él la gota que colma el vaso.

El recurso de los extraterrestres me pareció gratuito, su discurso artificial y el resultado, frío. Del mismo modo que el recurso de la voz en off se me hace pobre. El desenlace termina por empequeñecer todo lo contado hasta ese momento hasta reducirlo a una mera anécdota circunstancial, absolutamente intrascendental para lo que se narra en ese epílogo. Un final alejado de la historia y que además resulta poco satisfactorio y, en mi opinión, mal resuelto. Después de dos horas de película, paradójicamente, compartes en tu fuero interno dos sensaciones absolutamente opuestas durante los últimos minutos: este final es precipitado y, al mismo tiempo, piensas... ¿pero por qué aún estamos en esta misma escena y demora tanto los créditos finales?

En definitiva, una película sumamente irregular. Con tres fases muy diferenciadas: una primera hora magnífica, una segunda irregular (y bastante hueca en contraposición a la primera) y un desenlace nefasto. Y en la impresión final termina pesando más los dos últimos aspectos que la brillantez con la que Spielberg plantea el tema.

Con lo fácil que hubiese sido cortar antes de que apareciesen los padres de E.T...

Avatar

El mejor embalaje de la historia del cine (7).

Ayer vi Avatar. Durante todo el fin de semana, además de las semanas anteriores había procurado mantenerme alieno a toda la corriente de información que surcaba internet sobre esta película. Sabía lo suficiente, que sería una maravilla audiovisual y seguro que, estando Cameron detrás, como mínimo un entretenimiento efectivo. Al terminar la película puedo afirmar que creo que tenía razón y que, por desgracia, tampoco es mucho más (aunque ojo, no digo que sea poco).

Y es que Avatar, sin duda alguna, pasará a la historia del cine posiblemente como una pionera pese a no ser la primera por apostar por esta tecnología, y lo hará porque Cameron consigue hacer por primera vez del recurso de la tridimensionalidad algo más que un recurso más efectista que efectivo. Porque la película de Cameron no abusa en ningún momento de las imágenes holográficas, se centra en todo momento en jugar con la profundidad de campo, en convertir los escenerios y la ambientación de Pandora en un mundo preciosista, pero donde no persigue que el espectador se sienta dentro de él sino que simplemente pueda obervarlo con el mayor detalle posible.

En cierto modo, Cameron ha entendido el salto al cine 3D como el paso que sigue a la alta definición y lo único que puedo decir en este aspecto es que el resultado es difícilmente mejorable y que ciertas panorámicas y escenas serán, seguramente durante bastante tiempo, de lo más bonito y espectacular que se podrá ver una sala de cine. Porque pese a buscar en la tridimensionalidad una mejora en la calidad visual, Cameron ha aprovechado al máximo cada enfoque y la fotografía para sacar el máximo partido a esta tecnología.

Pero, como ya he mencionado que me esperaba, Avatar es poco más que eso, un envoltorio inmejorable, medido, pulcro, perfecto, hecho con mucho oficio, pero que en ningún momento tiene la intención de arriesgar más de la cuenta (como para hacerlo después de haber metido 300 millones encima de la mesa y 4 años de trabajo). Una película que cuenta una historia contada una y mil veces con mínimas variaciones, y es que seguro que al salir os acordaréis de títulos como Pocahontas, Bailando con Lobos o el Último Samurai.

La misma historia en un nuevo contexto, pero contada con un ritmo envidiable. Porque pese a sus casi tres horas de metraje no da opción al más mínimo amago de bostezo o de mirada por debajo las gafas al reloj. Las escenas de acción ofrecen espectáculo y las escenas de diálogo desgranan la historia captando tu interés. Poco importa que a cada nuevo elemento que te presenten sepas que peso y papel vaya a tener en la trama posterior. Poco importa que sepas el desenlace mucho antes de llegar a media película y poco importa que los personajes, sin ser exactamente planos, sí que respondan a arquetipos vistos una y mil veces.

También comprendes, e incluso llegas a perdonar, la ambientación y diseño de personajes tan cercana a Disney y terminas por asumir que lo que la película simplemente pretendía ofrecer es una historia inócua y ya conocida, pero contada con especial esmero y precisión, queriendo acercarse al abanico más amplio de público posible mientras ofrecía una muestra de lo que seguramente será el cine en el futuro.

Por mi parte diré que pese su historia, personajes e incluso ambientación no aporten nada absolutamente nuevo, no me importaría lo más mínimo volver a pagar por ver la misma película en el cine (aunque eso sí, esta vez desde un asiento central y no un lateral) y no creo que esta película persiguiese poco más que eso: ofrecer el mayor espectáculo visto en una sala de cine y ofrecer al espectador la primera película que realmente justificase el desembolso extra que supone ver una película en tres dimensiones. Huelga decir que por mi parte, ha cumplido con creces las expectativas, aunque quizá sea cierto que tampoco eran especialmente altas para el bombo que le habían dado.

No ofrece lo que uno espera (5).

Ésta es una película que te engaña nada más leer la línea de reparto (Matt Damon y Brad Pitt deben tener el cameo más insustancial de la historia) y lo cierto es que tras leer la sinopsis esperas una cosa y te encuentras con otra bastante distinta.

La historia de Sam Rockwell quizá sea la de un asesino, sin embargo, la historia que nos cuenta esta película es más bien la historia de un hombre que en el camino hacia conseguir su meta le surge la oportunidad de trabajar como asesino para la CIA.

De modo que una cosa debe tener clara todo el mundo que decida acercarse a este film. En la película apenas hay acción, ni disparos ni asesinatos, sino el camino de un hombre que está dispuesto a pagar cualquier precio para llegar al éxito y que en ese camino termina descubriendo su propia naturaleza.

Y si bien por un lado debo admitir que este planteamiento puede resultar más interesante que la historia de un asesino convencional, no es menos cierto que la película no termina de apuntar con pulso firme hacia su objetivo. Por lo que terminamos encontrándonos con una trama difusa, que parece ser un montón de recortes, de escenas sueltas que siguen más o menos una sucesión cronológica, pero que carece de una cohesión fuerte y que además se suceden a un ritmo demasiado lento, a lo que si le añades que muchos espectadores seguro que esperaban otra cosa, el resultado termina siendo un producto aburrido, demasiado denso para lo que explica y demasiado difuso para contarlo en profundidad y detalle.

No es una mala película, pero termina arrastrando un problema grave durante todo su metraje, no termina de conseguir captar la atención del espectador.

Ghost World

Es curioso como puede cambiar la percepción que se tiene de una película con el tiempo. Recuerdo que la primera vez que vi esta película me pareció lenta y ciertamente aburrida, y es que supongo que en ningún momento llegué a entrar en ella y ni a creerme sus personajes. Posiblemente la vi demasiado joven y muchos detalles se me escaparon.

Ayer volví a verla, y debo admitir que las sensaciones que me transmitió fueron completamente distintas. El personaje de Enid cobró una nueva dimensión. Su cinismo y desprecio como mecanismo de protección respecto al mundo que le rodea es el que sostiene la película y ver en ese cinismo el reflejo de la inmadurez y sus inseguridades son la clave para entrar en la historia. En el otro lado de la balanza, el personaje de Rebeca encarna a la adolescente que desea crecer, pero que parece que para mantener a su amiga a su lado deberá tirar de ella. En medio aparece el personaje de Seymour que dibuja a toda esa gente a la que todo el mundo señala como rara y que termina creyéndoselo para acabar encerrándose en su pequeño mundo enterrándose en vida aferrámdose a sus pequeñas obsesiones. Una película que con su estética y personajes va dibujando una historia que se mueve constantemente entre la esperanza y el desengaño y que pivotando alrededor de Enid nos dibuja sus primeros pasos hacia la madurez.

Por momentos recuerda a American Beauty a la hora de plantear el dibujo de la cara menos amable de la sociedad occidental, en otros momentos recuerda a Beautiful Girls, pero mostrándose más ácida y carente de esperanza en el camino que lleva a uno a asumir la madurez.

Una película que requiere de un cierto estado de ánimo para entrar completamente en ella, para sumergirte por completo en todos los matices que inundan la historia de Enid y el mundo que le rodea, pero una película que una vez dentro retrata con precisión lo que significa vivir tras una coraza que se resquebraja poco a poco.

Up

Pixar mantiene el listón (9).

Tras la excelente Wall-e, temía que Pixar en su siguiente producción bajase el pistón y volviese a un tipo de producto más enfocado directamente al público infantil como podía ser Ratatouille, por suerte, se han decidido por seguir la línea de su anterior trabajo y ofrecer una película de animación para adultos con la que los niños puedan disfrutar.

Las similitudes con Wall-e son múltiples. Como en su anterior producción se observan claramente dos partes. La primera, donde se nos introduce la historia y los personajes es donde la película brilla con más fuerza. En escasos minutos nos cuenta la historia de una pareja que se conocen de niños, se enamoran, viven toda una vida juntos, con sus alegrías y sus penas y, sobre todo, sus ilusiones frustradas. En escasos veinte treinta minutos nos dibujan una historia de amor auténtico mucho más tierna que la de muchos pastelones románticos. Luego terminan de dibujar el personaje principal de una forma directa, divertida, un viejo cascarrabias nostálgico que a los niños provocará risas y a los adultos sonrisas agridulces, un personaje, que dentro de la limitación de su público potencial, recuerda al personaje de Eastwood en Gran Torino.

Y luego empieza la segunda parte, y como en Wall-e, aquí la película pierde fuelle, pero en esta segunda parte, bien sea porque la primera parte de Wall-e es excepcional, bien sea porque esta película está mejor llevada, no se acusa tanto el cambio de ritmo. En esta segunda parte aparecen la mayor parte de concesiones al público infantil, los chistes, las persecuciones, la acción, el villano (más humano que de costumbre y con una historia verosímil detrás), pero en todo momento hay especial cura por lo que significa el pasado y las ilusiones del abuelo representadas en esa casa y como consigue superar a través de sus nuevas experiencias y amigos la perdida de su amada representada por esa casa.

Como Wall-e, una película especialmente recomendable para adultos y que los niños van a disfrutar sin problemas.

Maldita musiquilla (4).

En general, el cine de Van Sant me gusta, pero esta película me parece un ejercicio con bastante más embalaje que contenido. En cierto modo parece que quiso repetir la fórmula de Elephant rodando una película a medio camino entre el documental y la ficción, pero esta vez no termina de atinar.

La idea, viendo el precedente, estaba claro que no era mala, pero si la otra es una gran película ésta no cuaja. Empezando por el exceso de imágenes y encuadres cotidianos que no terminan de decir nada (o al menos no lo suficiente), continuando por el montaje que deconstruye temporalmente la historia y que pese a rejuntarla coherentemente sin que el pierda el hilo, ralentiza un poco más la ya de por si lenta acción y terminando con los planos musicales pretenciosos y anodinos que sobran completamente.

Porque la película es lenta, muy lenta, avanza con parsimonia y se toma su tiempo en cada escena, y si bien a ratos la naturalidad de la fotografía y el ritmo sin prisas consiguen el efecto deseado, como por ejemplo en el interrogatorio del comisario, en muchas otras escenas, especialmente cuando empieza a sonar la música y el director se complace con planos bonitos, pero insustanciales, lo máximo que llega es a sacarte es un bostezo.

No es una mala película, la idea era buena, y tiene momentos excelentes, como el citado del interrogatorio, pero en muchas otras escenas, en demasiadas, cae en el abuso de la cámara lenta y la música en detrimento de la imagen natural y el diálogo creíble que marca el resto de la cinta, rompiendo el ya de por sí lento ritmo de la cinta innecesariamente.

En definitiva, en mi opinión, una película que hubiese sido fácilmente mejorable y que te deja un regusto agridulce, ya que requiere un esfuerzo de concentración que por momentos parece que merece la pena, pero que una vez llegados a los créditos deja cierto poso de decepción.

¿Qué les pasa a los hombres?

Típica y tópica, pero ofrece unos cuantos pares de razones para verla (6).

Bueno, lo admito, si me decidí a ver esta película fue por el reparto... y es que razones ofrece, y a pares. Dicho esto, no esperaba mucho de la película y quizá por eso no me haya defraudado en absoluto.

La película recorre todos los lugares comunes de las relaciones de pareja, intenta dar la vuelta al tópico cayendo en el tópico para terminar otra vez en el tópico. En otras palabras, una película previsible hasta en el más mínimo giro de su guión.

Ahora bien, a pesar de todo, resulta una película simpática, sin muchas pretensiones y con algunos diálogos y situaciones interesantes. Algo larga para el producto que es, pero a pesar de eso no llega a hacerse pesada, es entretenida. Los incisos que abren cada una de las situaciones que refleja la película muy posiblemente sean los mejores momentos, aunque al tener formato de monólogo y ser completamente accesorios a la trama sería para colgar al guionista si no fuesen buenos.

Por todo lo demás, pues otra comedia romántica al uso con pretensiones de análisis sociológico desenfadado, pero que no llega ni tan siquiera hurgar en la superficie, aunque dudo que nadie se lo vaya a pedir, divertida, entretenida y amena, por todo lo demás prescindible y previsible, pero para pasar un buen rato no está nada mal.

Difusa, distante y fallida (3).

Otra película sobre el régimen nazi. Otra película que pretende abordar esa parte que menos se ha explotado: el como el pueblo alemán sucumbió a las ideas de Hitler. Otra película que parte de un gancho aparentemente fuerte, para no ofrecer nada significativo.

La historia de este profesor de literatura es difusa, el metraje avanza dando trompazos entre los diferentes frentes que componen la vida de este profesor, pero lo hace de un modo tan brusco y a la vez tan superficial que no llega a decirte nada. Ni el retrato de la familia desestructurada, ni las escenas con la joven amante que parece que debe devolverle la ilusión, ni la relación con el amigo judío, ni las contradicciones que le supone relacionarse de un modo tan cercano con el régimen nazi, llegan al espectador con la suficiente fuerza.

Viggo interpreta un personaje apático con una interpretación anémica, eso podría parecer bueno, pero no, no lo es. Su interpretación es plana, no se percibe ningún cambio, ni un sólo matiz en cada una de las diferentes situaciones antes mencionadas, simplemente pone esa cara de compungido perenne y pose dubitativa suceda lo que suceda. Nada parece turbarle ni sosegarle, des del inicio de la película no se aprecia progresión o cambio alguno en su personaje, siempre es el mismo, en todos los aspectos, no cambia ni su estado anímico, ni su pose, ni su cara de pena, nada.

La historia, pues como la actuación de Viggo, anémica, pasa, se sucede, se olvida. No llega a emocionar en ningún momento, y escenas para ello tenía unas cuantas, pero no llega. Y es que ni tan siquiera me atrevería a considerarla fría, porque una historia de este tipo está claro que exige de otro tono, por lo que el único adjetivo que me queda es: fallida.

Star Trek 2009

Comentario de un no Trekkie (6).

Pues eso, el título lo deja claro, éste, mi comentario, es el comentario de alguien que no es aficionado a la serie, y que de hecho es un prácticamente desconocedor de la misma más allá de haber visto poco más de una decena de episodios sueltos en televisión.

De este modo, debo decir que en esta pequeña reseña, el análisis de la misma será en la línea de los que hago cuando veo una película basada en un cómic que no he leído y la comparación será poniéndola en el marco de otras películas de ciencia ficción fantástica que ante todo buscan el entretenimiento.

Desde este punto de vista, puedo decir que, como casi todo proyecto donde está detrás JJ, al menos ofrece un entretenimiento solvente, una trama sencilla, que se sigue con facilidad, interesante, pero en la que por desgracia no se profundiza en exceso, todo esto aderezado con imágenes espectaculares y mucha acción. Una película que pese a sus dos horas de metraje, una vez empieza se pasa prácticamente en un suspiro y una vez recién salido del cine sales con la impresión de haber visto algo realmente mejor de lo que realmente ha sido.

Porque en el fondo, la película no deja de ser una historia de aventuras con todos los ingredientes típicos y bastante estereotipada, incluso en sus giros, pero que más allá del estereotipo no ofrece nada. El protagonista de infancia atormentada, un antagonista a su lado que viene a ser en muchos aspectos su reverso, y un malo mononeuronal al que se le pretende dar algo de profundidad en su obsesión debido a una injusticia cometida años atrás que termina convirtiéndose en un ser desquiciado. A partir de estos elementos, mil veces vistos, se construye una historia plana, con toques de humor, giros mesuradamente previsibles y un desenlace satisfactorio (y algo precipitado) que deja al espectador con un buen sabor de boca.

En definitiva, una película hecha con el mismo molde que se hacen el resto de éxitos en la factoría de Hollywood, aunque debe admitirse la virtud de saber seguir la pauta con maestría, que también tiene su mérito.

La sombra del poder

Hay veces que la tuerca ya está suficientemente firme (6).

Con la mayoría de thrillers me sucede algo que nunca terminaré de entender. ¿Por qué los guionistas siempre creen que un salto mortal con doble pirueta donde te rompes el cuello es mejor que una simple voltereta bien ejecutada de la cual sales airoso?

Y es que este thriller es un magnífico ejemplo de como crear una película con una atmósfera que te atrapa poco a poco, lenta, que se toma su tiempo para plantear cada aspecto de la película, pero que no aburre y consigue que te intereses por la historia. Una historia que mientras se construye va atando cabos de manera lógica y consistente, que conduce al espectador hacia una solución plausible, para, de repente, en los últimos cinco minutos, dar un volantazo y replantear todo el esquema, hacerlo encajar todo con calzador y dejar al espectador tan sorprendido, como desubicado y finalmente, engañado, con una cierta sensación de estafa.

Porque, si bien es cierto que la película y su final no es, ni por asomo, tan rocambolesco como el de "Seduciendo a un extraño" y la película, en líneas generales, está mucho mejor construida que la reciente "Duplicity", lo cierto es que ese último giro final, en mi opinión innecesario, hace que, a ojos del espectador, la película pase de ser un sobrio e inteligente thriller, a un castillo de naipes levantado sobre cimientos resbaladizos.

Y es que hay veces que la tuerca ya está lo suficientemente firme, y darle otra vuelta más, para lo único que sirve es para que reviente la tubería.

Por lo demás, la película lo tenía todo para ser una muy buena película, historia interesante, buenas interpretaciones, guión sobrio, atmósfera atractiva, ritmo adecuado... pero el final, termina por estropear la buena impresión que se va cuajando a lo largo de todo el metraje.

El Padrino

Obra maestra (10).

Supongo que no tengo mucho que añadir a lo que se ha dicho de esta película. Quizá lo más significativo que pueda decir es que es una película que gana tras su segundo visionado, y es que es posible que debido a la densidad y magnitud de la historia y la trama, en un primer contacto te pierdas y te alejes un poco, lo que sin duda perjudica la impresión que se obtiene del film.

Ahora bien, el segundo visionado es una experiencia impagable. A mí personalmente se me hizo mucho más corta la segunda vez. Recuerdas detalles, cohesionas la trama y te das cuenta que la película no sólo es un prodigio en la puesta en escena y la ambientación, sino que también es un prodigio de ritmo gracias al magnífico uso de la elipsis. Ofreciéndote una epopeya donde todo fluye con calma, pero donde es mejor no parpadear.

Las interpretaciones, como todo el mundo conoce, son simplemente excelentes. Con un Marlon Brando que se come la pantalla, carismático, no sólo creíble sino que resulta auténtico. Al Pacino borda el personaje de Michael y ninguno de los demás secundarios desentona.

En definitiva, una película maravillosa donde los defectos brillan por su práctica ausencia. Por ponerle uno, que más que un defecto es una apreciación, es que quizá hay un momento en que la evolución del personaje de Michael no resulta del todo creíble, pero aún así, creo que es más una sensación que un defecto que se le pueda achacar a esta obra mayúscula del cine.

Duplicity

Pólvora mojada... (3)

A pesar del cásting prometedor, a pesar del interesante debut del director con una película de temática (que no tono) similar como era Michael Clayton y a pesar de llegar a resultar razonablemente entretenida y ágil, la película hace aguas por todos lados.

La fórmula escogida es una fórmula agotada, y si está mal llevada deja un mal sabor de boca. Se puede construir un castillo de naipes, un guión que sea puro artificio, pero que si atrapa y aunque sorprendente y preparado el espectador lo acepta, la película puede resultar satisfactoria aunque sea como mero entretenimiento. Películas como "El caso Slevin", "Confidence" o "Sospechosos habituales" son buenos ejemplos de ello. Ahora bien, si construyes tu película basándote sólo en fuegos de artificio, sin conseguir atrapar al espectador, sin que el espectador se crea la trama y que además se pase gran parte del metraje esperando un giro que poco le interesa, es que algo has hecho muy mal, aunque por el camino ofrezcas un entretenimiento razonable.

Y este es el principal problema de Duplicity, la historia te importa poco, la pareja protagonista, cuya principal baza debería ser transmitir cierto carisma, carece por completo de él. Giamatti y Wilkinson se quedan en secundarios, perdon, segundones, de lujo. Y el guión parece que sólo se preocupa en ofrecernos unos cuantos discursitos rimbombantes que no sólo no llevan a ningún sitio sino que restan la poca credibilidad que podía tener la película. Lo que si unimos al hecho de la elección de un montaje videoclipero con un ritmo algo lento terminas encontrándote con un producto que ves sólo porque te hace pasar el rato. Una película cuya historia parece exigir un esfuerzo para seguirla que des del primer momento que no te apetece hacer y que cuando termina el film te alegras de no haber hecho.

En definitiva, una película que basa toda su fuerza en una estructura agotada y descuidada y en dos actores cuyo carisma y química agotaron en closer, el resultado una película más que mediocre, previsible dentro de su sorpresa (no sabes cual será el giro, pero sabes que va a haber uno, pero ni tan siquiera te molestas en plantearte cual) y relativamente ágil y entretenida, pero aún así lenta y torpe comparada con otras películas similares. En otras palabras, una película prescindible que sólo sirve para pasar un rato agradable con el que no quieras pensar mucho, porque aunque estoy seguro que la intención de la película era justo lo contrario, lo cierto es que lo primero que haces es poner el piloto automático hasta descubrir el final, sea cual sea.

The Wrestler

El ídolo y el antihéroe (8).

Una historia aséptica, despojada de virtuosismos vacuos, una película que no parece de Aronofsky, y no voy a decir que eso sea necesariamente malo, Pi es una excelente película, pero lo cierto es que esta historia lo agradece.

Una narración cruda de la vida de alguien que en un momento de su vida fue un ídolo, pero que el tiempo convierte en un fracasado que vive anclado en ese pasado glorioso. Un hombre que quiere seguir adelante haciendo lo que ha hecho toda su vida, lo único que cree saber hacer, lo único para lo que vale. Un hombre que pese a ser la sombra de lo que fue, vive aferrado a su pasado, creyendo que esa es su única alternativa para poder seguir viviendo, para que merezca la pena seguir viviendo. Sólo un hecho de fuerza mayor le obliga a replantearse esa vida, y cuando lo hace descubre que está solo, que reconstruir lo que ha perdido por el camino, lo que ha dejado que se marchite no es tan fácil. Ve los errores que ha cometido, los errores que aunque no quiera vuelve a cometer. Consigue ver esperanza en su hija, se hace ilusiones con la posibilidad de reconstruir su vida al lado de una stripper que también vive atrapada en un mundo que quiere abandonar, y termina por darse cuenta, que por mucho que lo desee, quizá él sólo ha nacido para una cosa, luchar.

Un radiografia del mundo de wrestling, del espectáulo de cartón piedra que es, de lo que hay detrás, y de lo que sucede con alguna de sus figuras. Randy es un personaje entrañable, Rourke hace un papelón, Tomei cumple y alegra la vista, y al final te quedas con la sensación de haber visto un pedacito de cruda realidad que termina con un final redondo, abierto, donde la esperanza o falta de ella queda a gusto del espectador.

Una película que quizá no se pueda alabar por su originalidad, las historias de fracasados es uno de los temas más recurrentes de la historia del cine y la literatura. Una historia que hasta un cierto punto sigue una pauta perfectamente establecida, pero aún a pesar de no rehuir ciertos lugares comunes (la familia desestructurada, la soledad, la mirada al pasado) si evita algunos convencionalismos (el desenlace, la solución al conflicto...) emociona, llega y te hace pensar.

La mejor película de Darren.

Watchmen

Una cuestión de carisma, o más bien de falta de él (6).

Vaya por delante que no he leído el cómic, por lo que como digo siempre, esto es simple y llanamente la crítica de la película como película, ya que carezco de todo para juzgarla como adaptación.

Una historia bien desarrollada, una ucronía interesante, muchos personajes con su trasfondo que contar, unos sucesos interesantes detrás de ellos. Y un ritmo conseguido que hace que no te aburras a pesar de sus casi tres horas de duración. ¿Pero, a pesar de todo esto, se puede considerar satisfactoria una película de superhéroes cuyos personajes carecen por completo de carisma?

Porque esa es la principal duda con la que he salido del cine, y en esta película este detalle es especialmente sangrante cuando quiere incidir tanto en su pasado, en su contexto y en lo que los ha llevado a ser lo que son. Porque si bien es cierto que ves sin mirar el reloj todo lo que sucede en pantalla, lo cierto es que al terminar la película ya has olvidado la mayor parte de lo que te han explicado. Y lo has olvidado porque forma parte del pasado de unos personajes insulsos, carentes de interés. Sólo se salva Rorschach y en menor medida el comediante. El Dr. Manhattan es el personaje más insulso que recuerdo. Ozimandias el villano tratado con mayor indiferencia que he visto en una película de superhéroes, sin apenas peso en la historia. Y Júpiter y el Búho parecen meros figurantes. Por lo que al terminar la película, pese haber pasado un rato (un largo rato) agradable, lo cierto es que recuerdas muy poco.

El siguiente pero que le pongo a la película es el desenlace. Tanto metraje, tanto mimo a unos personajes que por la impresión que causan parece que no lo merecen. Tanto empeño en contextualizar la historia, para desembocar en un desenlace precipitado, tramposo y por si esto no fuera suficiente, resuelto de modo simplón y artificioso. Un desenlace que termina dejando un sabor casi más agrio que dulce del film.

La película tiene virtudes. Con la saga Batman de Nolan es la película que cuenta una historia más compleja y cuidada, aunque parece que falte otra hora más de metraje como mínimo para que resulte consistente y se puedan apreciar todos sus matices. Resulta muy entretenida sin abusar de escenas de acción. Y visualmente es muy agradable. Pero toda la épica que pretende evocar, todo el gigante argumental que pretende levantar, descansa sobre pies de barro, los personajes hacen aguas por todos los sitios. La mayoría de ellos no llegan a importarte en ningún momento, lo que no sólo convierte en olvidable gran parte del metraje, sino que realmente lo olvidas.

Gran Torino

Una obra menor... ¡Y un jamón! (8).

Y pensar que esta era la película pequeña, más personal y con menores pretensiones que filmaba Eastwood este año...

Porque señoras y señores de menor no tiene nada. Bueno, quizá las escasas pretensiones de un historia sencilla y bien contada. De una historia tópica y otras veces vista, pero en la que Eastwood, haciendo gala de un gran sentido del humor se da un homenaje mientras entre risas y sonrisas presenciamos un drama con más profundidad y matices de lo que uno podría esperar.

En Walt vemos a Harry el sucio, vemos a todos los grandes héroes, secos, llenos de aristas, que bajo un apariencia ruda esconden un buen corazón. Y lo vemos en el ocaso de su vida, vemos a todos y cada uno de esos personajes reflejados en un hombre íntegro, pero lleno de fobias, que debe afrontar sus conflictos y superar sus prejuicios. Racista, mal padre, antipático, pero también un hombre noble y disciplinado, de valores sólidos y personalidad fuerte. Un hombre hecho a sí mismo que en el ocaso de su vida termina dándose cuenta de muchos de sus errores... errores que como siempre, termina por enmendar a su manera.

Una película divertida, emotiva, con un Eastwood enorme interpretándose por enésima vez a sí mismo. Un Eastwood fiel a sus principios. Una película que pese a no innovar a ningún nivel. Que pese a ofrecer algo ya conocido, algo previsible, terminas viendo con simpatía y con cariño. Una película donde Eastwood, por enésima vez nos brinda su última gran interpretación, al menos hasta que la productora vuelva a exigirle una cara famosa para financiar su siguiente proyecto. Una película sin grandes pretensiones donde Clint se da un gran homenaje a sí mismo. Ojalá todas las obras menores de todos los grandes directores fuesen tan buenas como ésta.

Altamente recomendable.

Ajuste de cuentas

Mal ajuste, por el camino se perdieron, diamantes, cerdos y coños (3).

Película de acción sin demasiado sentido. Más o menos lo que esperas encontrarte, por momentos parece que quiere emular la fórmula que le dio éxito a Guy Ritchie, pero se muestra torpe, previsible e incoherente en su intento. También carece de los diálogos de corte tarantiniano que ofrecen las películas del director inglés.

Como resultado la película se queda entre dos aguas. Entre ser una película de acción convencional que carece de espectaculares persecuciones, tiroteos y tias buenas, y entre ser una película que intenta sostenerse en su guión intrincado y su realización videoclipera en un intento de atrapar al espectador. El resultado es que no consigue llegar a los mínimos exigibles en ninguna de sus dos vertientes. Lo único que la salva, pese a sus carencias evidentes y las licencias múltiples que se toma, es que no resulta aburrida del todo, se ve sin mucho interés, llega un momento en que ni prestas atención a la película ni los personajes, más o menos sabes que va a pasar, el malo se ve a la legua, y el final, con matices, es conocido por todos, pero aún así, consigue darte una pequeña dosis de entretenimiento cuando no esperas nada más.

Además de lo ya mencionado, nada destacable, ni guión, ni interpretaciones, ni diálogos, ni historia, ni escenas de acción... nada, simplemente una película mediocre que intenta emular un fórmula a grosso modo, sin preocuparse de cuidar el producto, ni su consistencia, ni el posible interés que pueda despertar en el espectador. Como la fórmula que emula en líneas generales es efectiva, podemos decir que llega a entretener, pero nada más.

Las aventuras de Ford Farlaine

Increiblebleble... (6).

Comedia absurda que tiene el suficiente sentido común para no excederse. Contiene el impulso del histrionismo excesivo y el abuso del chiste fácil que hace que aborrezca las películas de Leslie Nilsen y se acerca al estilo de comedia absurda que se ve en Zoolander.

Una parodia muy conseguida del género de detectives, pero que debemos admitir que no está del todo bien llevada. La historia se resuelve de sopetón, no hay tiempo para la intriga, aunque no fuese el objetivo de la película, y los golpes y giros rápidos del guión distraen al espectador. Sin embargo consigue hacer que te rías, que pases un rato entretenido y que terminen cayendo simpáticos esos personajes tan cutres, simples e increibleblebleeeess.

Chistes y frases recurrentes, infántil e inocente incluso en sus referencias sexuales, de consumo fácil, se disfruta y aunque no recuerdes nada de la historia, ni de la trama, ni te importe demasiado lo que ocurre en pantalla, deja un buen sabor de boca, un buen recuerdo en forma de un personaje hasta cierto punto entrañable, entrañable por cutre, pero cutre con gracia.

Recomendable para pasar un buen rato.

Los intocables de Eliot Ness

La peor experiencia en un revisionado de toda mi vida (2).

Sólo puedo decir esto, desearía no haber vuelto a ver esta película, desearía haber conservado el buen recuerdo que tenía de ella, y es que no sé porque la recordaba con cariño, como una película entretenida e interesante. Pero nada más lejos de la realidad, no es que haya envejecido mal, es que la película es un esperpento.

La película se toma más licencias que el director de Death Race y A todo gas juntos, el guión avanza a base de golpes, los personajes no tienen ningún interés ni dibujo, planos y acortanodas, a lo máximo que llegan es a escupir frases presuntamente graciosas que por momentos rozan el ridículo, el ritmo es atropellado y la mayoría de situaciones es risible. Da casi pena ver la facilidad con que cambian de opinión los villanos una vez detenidos sobre si les conviene o no confesar y algunas escenas, como la del tiroteo en el puente sólo se podrían considerar geniales si estuviésemos hablando de una comedia.

Ni la música de Ennio Morricone resulta acertada, no porque no sea buena, sino porque es redundante, excesiva, mal aprovechada y desfasada. El desenlace es uno de los mayores esperpentos que recuerdo. La escena del carrito del bebé sólo merece la pena por dar pie a una parodia aún más exagerada de Leslie Nilsen y la persecución final por los tejados... ¿realmente era necesaria? ¿Soy el único que el juicio le parece ridículo? ¿Soy el único que cree que esta película no sólo no tiene contenido alguno sino que además está mal remachada?

La verdad, un truño, una película bochornosa que no se lleva el uno porque De Niro, pese a interpretar un buffón, lo borda y porque Sean, pese a que su parte del guión se basase en frases redundantes, gracietas estúpidas y discursos pseudotrascentales vacuos, consigue dar cierto empaque a su personaje.

Lo dicho, bochornosa, mala hasta decir basta, no soy capaz de entender como puede estar bien considerada, como puede estarlo por gente de más de doce años, se entiende.