Celda 211

Peca de falta de verosimilitud (7).

Una filigrana muy bien llevada, pero que por desgracia no llegas a creerte. Y eso que la película realmente engancha y te obliga a seguirla y a estar pendiente de lo que sucede en esa cárcel. Luis Tosar firma un papelón y Malamadre sin duda puede pasar a la historia del cine español como uno de sus personajes más carismáticos, pero por desgracia, el resto del producto carece de la verosimilitud del protagonista.

Y lo que contribuye a esta sensación son dos aspectos. El primero, el reparto. Lo siento mucho, pero Resines no puede interpretar nunca un personaje como Utrilla. Repito, NUNCA. Todos sabemos que el bueno de Antonio sólo tiene un registro, plano, artificial, pero que se adapta decentemente a los personajes cómicos que acostumbra a interpretar. Y en esta película precisamente ves a uno de esos personajes jugando a ser malo. El resultado: esperpéntico. Algo similar, sin llegar al nivel de Resines, podría aplicarse al personaje del primer negociador.

El segundo punto que le resta verosimilitud y te aleja un poco de la película, es la transformación del otro protagonista. Ya que si bien es cierto que apenas lo dibujan antes del motín, lo cierto es que es muy difícil creerse el aplomo, seguridad e ingenio que demuestra durante toda la película. Me es imposible creerme que una vez consigue hacerse pasar por uno más asuma tanto protagonismo. No es lógico por ningún lado y por lo tanto, tampoco es creíble.

Ahora bien, si el espectador logra perdonar y obviar estos dos detalles, la película es realmente muy buena. Como ya he dicho, de las que saben mantener en vilo al espectador, con una trama con todos los ingredientes para atrapar (suspense, traiciones, un personaje carismático...) y un ritmo preciso que impide que te aburras en ningún momento y con una interpretación de Oscar para sostenerla. Por lo que puedo asegurar que, como mínimo, esta película es un entretenimiento más que efectivo... pero que por desgracia, no terminas de creerte. Y es una verdadera lástima, porque por el camino toca temas muy interesantes y muy reales (la sitación en las cárceles y la situación de los terroristas etarras dentro de ellas).















District 9

De más a menos (7)

El planteamiento de la película es relativamente innovador y es que partiendo de un inicio en clave de falso documental logra, de un modo dinámico y fluído, introducirnos los principales protagonistas y toda la trama inicial, además con las dosis justas de humor y acción para que esta primera parte no sea demasiado pesada y consiguiendo a base de intercalar escenas propias del documental con escenas propias de una película más convencional de modo que, poco a poco, las segundas tomen el protagonismo respecto a las primeras un paso suave a una segunda parte mucho más convencional, y aquí es donde se encuentra el mayor pero de la película.

Y es que mientras la primera parte es brillante, explicando de un modo interesante y dando la información justa en cada momento para que el espectador siga queriendo tirar del hilo, la segunda es demasiado convencional y padece de muchos de los defectos de las películas del género. En otras palabras, cuando el ritmo se acelera y el thriller deja el paso a la acción, la película empieza a perder coherencia, detalles importantes se pasan por alto (¿por qué los extraterrestres no utilizan sus armas?) y además se toman demasiadas licencias en las escenas de acción que hacen que la película vaya perdiendo paulatinamente el tono de absoluta verosimilitud del que había hecho gala hasta entonces.

Aún así la película sigue siendo muy recomendable, por su planteamiento novedoso, pero, sobre todo, muy bien llevado y que únicamente termina flojeando cuando se decide optar por el planteamiento más convencional en el tramo final que acelera la película innecesariamente y vuelve el argumento demasiado plano y previsible sin terminar de dibujar personajes que hubiesen podido resultar interesantes (por ejemplo el suegro resulta demasiado estereotipado) y el final algo precipitado.

Sin embargo, pese a todo, muy posiblemente terminará siendo la mejor película de ciencia ficción del año y por lo tanto una cita ineludible para todos los amantes del género.

Up

Pixar mantiene el listón (9).

Tras la excelente Wall-e, temía que Pixar en su siguiente producción bajase el pistón y volviese a un tipo de producto más enfocado directamente al público infantil como podía ser Ratatouille, por suerte, se han decidido por seguir la línea de su anterior trabajo y ofrecer una película de animación para adultos con la que los niños puedan disfrutar.

Las similitudes con Wall-e son múltiples. Como en su anterior producción se observan claramente dos partes. La primera, donde se nos introduce la historia y los personajes es donde la película brilla con más fuerza. En escasos minutos nos cuenta la historia de una pareja que se conocen de niños, se enamoran, viven toda una vida juntos, con sus alegrías y sus penas y, sobre todo, sus ilusiones frustradas. En escasos veinte treinta minutos nos dibujan una historia de amor auténtico mucho más tierna que la de muchos pastelones románticos. Luego terminan de dibujar el personaje principal de una forma directa, divertida, un viejo cascarrabias nostálgico que a los niños provocará risas y a los adultos sonrisas agridulces, un personaje, que dentro de la limitación de su público potencial, recuerda al personaje de Eastwood en Gran Torino.

Y luego empieza la segunda parte, y como en Wall-e, aquí la película pierde fuelle, pero en esta segunda parte, bien sea porque la primera parte de Wall-e es excepcional, bien sea porque esta película está mejor llevada, no se acusa tanto el cambio de ritmo. En esta segunda parte aparecen la mayor parte de concesiones al público infantil, los chistes, las persecuciones, la acción, el villano (más humano que de costumbre y con una historia verosímil detrás), pero en todo momento hay especial cura por lo que significa el pasado y las ilusiones del abuelo representadas en esa casa y como consigue superar a través de sus nuevas experiencias y amigos la perdida de su amada representada por esa casa.

Como Wall-e, una película especialmente recomendable para adultos y que los niños van a disfrutar sin problemas.

Maldita musiquilla (4).

En general, el cine de Van Sant me gusta, pero esta película me parece un ejercicio con bastante más embalaje que contenido. En cierto modo parece que quiso repetir la fórmula de Elephant rodando una película a medio camino entre el documental y la ficción, pero esta vez no termina de atinar.

La idea, viendo el precedente, estaba claro que no era mala, pero si la otra es una gran película ésta no cuaja. Empezando por el exceso de imágenes y encuadres cotidianos que no terminan de decir nada (o al menos no lo suficiente), continuando por el montaje que deconstruye temporalmente la historia y que pese a rejuntarla coherentemente sin que el pierda el hilo, ralentiza un poco más la ya de por si lenta acción y terminando con los planos musicales pretenciosos y anodinos que sobran completamente.

Porque la película es lenta, muy lenta, avanza con parsimonia y se toma su tiempo en cada escena, y si bien a ratos la naturalidad de la fotografía y el ritmo sin prisas consiguen el efecto deseado, como por ejemplo en el interrogatorio del comisario, en muchas otras escenas, especialmente cuando empieza a sonar la música y el director se complace con planos bonitos, pero insustanciales, lo máximo que llega es a sacarte es un bostezo.

No es una mala película, la idea era buena, y tiene momentos excelentes, como el citado del interrogatorio, pero en muchas otras escenas, en demasiadas, cae en el abuso de la cámara lenta y la música en detrimento de la imagen natural y el diálogo creíble que marca el resto de la cinta, rompiendo el ya de por sí lento ritmo de la cinta innecesariamente.

En definitiva, en mi opinión, una película que hubiese sido fácilmente mejorable y que te deja un regusto agridulce, ya que requiere un esfuerzo de concentración que por momentos parece que merece la pena, pero que una vez llegados a los créditos deja cierto poso de decepción.