Cuando la niebla no nos deja ver (8).
Posiblemente la película con la que haya pasado más angustia, una auténtica película de terror y que sabe jugar con lo que una película de terror debe jugar, nuestros miedos internos.
Un film con una atmósfera asfixiante, de los que poco a poco ata un nudo en tu estómago y que no lo suelta hasta pasadas horas después de la proyección gracias a un final de lo más arriesgado, desasosegador y redondo que recuerdo. El miedo y la angustia no viene de los sustos ni de los elementos fantásticos que pueblan toda la película, no, todas las sensaciones provienen de algo más cercano, las reacciones humanas más primarias ante el miedo y la muerte, como en las situaciones extremas el mayor monstruo puede ser uno mismo.
Pero si toda la parte psicológica de los personajes está tratada magníficamente, todos los recursos técnicos y narrativos para que nos lleguen esas sensaciones son de primer nivel, una fotografía fantástica, un montaje perfecto, la búsqueda siempre de la imagen más significativa, un ritmo muy calculado, una amalgama de personajes muy diferentes y que cada uno juega un papel concreto y clave en el complejo puzzle emocional o instintivo sobre el que se sustenta la película.
En mi opinión sólo se le puede achacar un único defecto, y secundario en todo caso, y es que los efectos especiales, aunque cumplen, resultan completamente obsoletos, aún así, no son en absoluto razón para no disfrutar en toda su magnitud de este trabajo.
En definitiva, no es una película de terror al uso, es mucho mejor, realmente una grata sorpresa y muy posiblemente la mejor película en lo que llevamos de año.
Un film con una atmósfera asfixiante, de los que poco a poco ata un nudo en tu estómago y que no lo suelta hasta pasadas horas después de la proyección gracias a un final de lo más arriesgado, desasosegador y redondo que recuerdo. El miedo y la angustia no viene de los sustos ni de los elementos fantásticos que pueblan toda la película, no, todas las sensaciones provienen de algo más cercano, las reacciones humanas más primarias ante el miedo y la muerte, como en las situaciones extremas el mayor monstruo puede ser uno mismo.
Pero si toda la parte psicológica de los personajes está tratada magníficamente, todos los recursos técnicos y narrativos para que nos lleguen esas sensaciones son de primer nivel, una fotografía fantástica, un montaje perfecto, la búsqueda siempre de la imagen más significativa, un ritmo muy calculado, una amalgama de personajes muy diferentes y que cada uno juega un papel concreto y clave en el complejo puzzle emocional o instintivo sobre el que se sustenta la película.
En mi opinión sólo se le puede achacar un único defecto, y secundario en todo caso, y es que los efectos especiales, aunque cumplen, resultan completamente obsoletos, aún así, no son en absoluto razón para no disfrutar en toda su magnitud de este trabajo.
En definitiva, no es una película de terror al uso, es mucho mejor, realmente una grata sorpresa y muy posiblemente la mejor película en lo que llevamos de año.

1 comentario:
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