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El pecado es no verla(9).

Una película redonda, construida para atrapar al espectador, mantenerlo en tensión, sorprenderlo con giros muy medidos y creibles y llevarle a uno de los mejores finales que una película de este genero haya tenido jamás sin que durante todo ese viaje haya podido apenas pestañear.

Kevin Spacey confecciona uno de los villanos más interesantes que recuerdo junto con el gran Hannibal Lecter, un personaje tan brillante como trastornado, con un peculiar sentido de la justicia e incluso de la victoria, un personaje tan hábil y manipulador como cruel y, a su modo, coherente, un personaje que además va acompañado de una interpretación excelente y que nos brinda un discurso en el tramo final impagable.

Mientras Morgan Freeman nos ofrece otra interpretación a su nivel habitual, pero quizá, si hay que ponerle un pero a esta brillante película, este pero lo encontramos en Brad Pitt, y antes de continuar digo que me parece un buen actor, muchas veces infravalorado, pero en está película los críticos tienen razón, su interpretación es muy irregular, por momentos buena, en otros no te lo crees y en el resto del metraje se limita a cumplir, el problema es que uno de los momentos en que no te lo crees es la escena final, el colofón a la película y donde termina completamente eclipasado por el gran Kevin.

Técnicamente, como todo lo que hace Fincher, es impecable, la fotografia oscura, tétrica y asfixiante termina por convertirse en un personaje más de la película, el ritmo, como ya he dicho, es sostenido y vibrante a la vez, y, en definitiva, está película termina resultando un expriencia totalmente absorvente que te transporta durante dos horas a su propio universo, un universo oscuro, tétrico, propio, tan lejano como extrañamente próximo y que consigue que termines la película con un nudo en el estómago mientras terminas de asimilar como todas las piezas del puzzle encajan milimétricamente, simplemente, una de las mejores películas de la década de los 90.

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